Si le preguntamos a cualquier
persona — ya sea un atleta o un vendedor — qué es lo que desea antes
de su competencia o su entrevista, la respuesta clara y más común
será, sin lugar a dudas, la de querer ganar.
Sin tener intensas ganas de ganar,
es muy difícil ganar. Por ello, cualquier persona nos podrá
decir que ganar o perder sí importan. E importan muchísimo.
De hecho son una de las razones fundamentales
por las que jugamos un deporte o salimos a la calle a ver clientes: Pocos
vendedores estarán conformes
con sólo la experiencia obtenida
al ver a un prospecto que no comprá-por
mucha que ésta haya sido.
Ganar es mejor, mucho mejor, que
perder. Se siente mejor emocionalmente cuando ganamos. Las recompensas,
tanto de dinero como de prestigio, van sólo al ganador. El ganador
siempre se lleva todo, excepto el premio de consolación.
Es mejor ganar que perder. Vince
Lombardi dijo que “lo
importante es el deseo de ganar.”
Sí, siempre y cuando se gane al final. Porque ese deseo es lo que
nos llevará al triunfo.
Por otra parte, “cómo jugamos”
también es importante. Hay que ganar, pero hay que ganar honradamente,
justamente, siguiendo las reglas (Vince Lombardi, otra vez). No es posible
“ganar
a costa de lo que sea.” Debemos
ofrecerles a nuestros clientes el mejor juego posible. Transparente y justo.
Etico y legal. Claro
y abierto. Pero determinado y con
deseo de obtener lo mejor para ambos. Y ésto sólo se logra
ganando, llevándonos la venta, sirviendo a nuestro propósito.
Siempre disfrutamos observar el resultado
de la determinación, la habilidad y la dedicación. Y si desarrollamos
esta idea un poco más, entonces podemos decir que si es bueno ganar,
es bueno ser ganador.
Es importante cómo nos conducimos
y nos comportamos. Debemos jugar bien y justamente. Y, entonces, la forma
de jugar
determinará también
si somos ganadores o perdedores. Hay
personas que, aunque pierdan, ganan
siempre. Y el juego de la
vida es, quizás, el mayor
juego de todos.
¿Quién
es un Ganador?
iertamente
que los hemos conocido. No son sólo quienes han ganado certámenes
de habilidad, perseverancia y determinación en algún campo
específico, ya sea por sí mismos o en equipo. Son también
los que sobresalen porque siempre tienen la mano tendida para ayudar, para
aconsejar, para enseñar. Son personas que han logrado algo valioso
e inspiran a los demás a lograrlo a su vez.
¿Qué hace a una persona
ser un ganador y a otra un perdedor? Verdaderamente, existirán muchas
características que los diferencien, pero puede ser que la más
importante sea su forma de pensar; la actitud que gobierna sus acciones.
Por ejemplo, ¿cuántas
veces nos hemos encontrado con algo nuevo, una nueva tarea que parece difícil:
un nuevo cliente, un nuevo jefe, un nuevo trabajo? Cualquier cosa que sea,
el perdedor se fijará más bien en el trabajo que implica
y buscará encontrar los síntomas de que se trata de un obstáculo
imposible. En cambio, el ganador lo verá como un reto difícil,
pero alcanzable. Y renunciará a renunciar hasta haber ganado.
El perdedor pierde antes de empezar.
Claro que el ganador puede tener dudas, pero las supera mediante la acción
decidida.
Esto se da porque el ganador siente
el reto de un nuevo problema, en tanto que el perdedor no quiere ni siquiera
enfrentarlo. Ambos ven el problema, pero el ganador empieza a pensar en
formas de resolverlo. El perdedor sólo ve el problema, amenazante
y sombrío, y su respuesta es la retirada. Un ganador le da
la bienvenida a la oportunidad de utilizar sus habilidades y sus conocimientos.
Un perdedor no tratará siquiera.
Quizá un ganador no gane,
pero dió lo mejor que tiene. Con seguridad un perdedor que no intenta
no perderá, pero sólo dió lo peor de sí.
Un ganador no le teme a la competencia.
El perdedor le teme a su
incompetencia. Por supuesto, con
toda competencia existe la posibilidad de perder. El ganador acepta tal
posibilidad. Se alinea con los demás. Jugará con respeto
y justicia. Desea ganar. Dará su
mejor esfuerzo y aún más.
Si gana, estará maravillado de sí mismo, entusiasmado, brillará.
Si pierde, sabrá que no necesita
excusas ni explicaciones, sólo
reflexión.
Por otra parte, el perdedor se excusa
desde el principio, argumentando que la competencia es demasiado dura (o
que la vida es injusta...).
La gran diferencia, sin embargo,
entre un perdedor y un ganador, está en el enfoque. Nunca he conocido
a un ganador que no sea positivo. Y nunca he conocido a un perdedor que
no sea negativo. El ganador piensa, actúa y vive positivamente.
¿Quieres ser ganador? Bien,
empieza a serlo. Piensa y actúa como ganador y, más pronto
de lo que imaginas, serás ganador.